lunes, 3 de julio de 2017

La Granja Roja

   La noche se había ido a dormir y los primeros rayos del sol empezaban a ribetear las nubes. Michelle detuvo la caravana en el arcén, se restregó los ojos y avisó a Alyson. 

La joven se desperezó y se quedó absorta mirando la recta de asfalto que parecía extenderse cada vez más y no tener fin. Resopló, le cambió el asiento y arrancó. El ruido del motor arrullaba a su amiga que, de vez en cuando, arrugaba la nariz para luego dar paso a una pequeña sonrisa.

   Durante varias horas, la carretera fue un circuito solitario, algo que a Alyson le resultaba realmente tedioso. A media mañana, se cruzó con un coche, pero enseguida lo perdió de vista y la monotonía volvió a invadirla.

Entonces, una casa a lo lejos llamó su atención. Apretó el acelerador y se dirigió a ella. Estaba en medio de la nada, casi pegada al arcén, rodeada por una gran hectárea de campo.

Michelle se sobresaltó al escuchar la puerta cerrarse. Alyson se había bajado y caminaba hacia esa casa de paredes pintadas a trozos de rojo...


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