miércoles, 3 de agosto de 2016

El secuestro de Lucy (VIII)

Dentro de Jerry afloraron una serie de sensaciones que en ese momento no supo explicar. Esa voz… Pero enseguida sacudió la cabeza. Acercó otra vez la oreja a la pared. Ya no se oía nada. Una bocanada de alivio se escapó de sus labios.

Se agachó a por las muletas y salió hacia la habitación de Lucy. La niña había cerrado la puerta. Jerry tamborileó con la yema de los dedos.

---Hija, ¿puedo pasar?

Lucy no contestó.

---Venga no te enfades ---dijo Jerry y volvió a llamar---, que te dejo ir a dormir con tus tíos y con Gillian.

Aguardó unos segundos, pero al ver que tampoco respondía esa vez abrió de golpe la puerta. Lucy no estaba y el ambiente de la habitación olía a cerrado. Entonces sintió como una alarma en su pecho. Tiró las muletas al suelo y cojeando la buscó dentro del armario, debajo de la cama, a gritos fuera del cuarto.

Cada vez que la llamaba y no recibía respuesta la voz se le resquebrajaba. ¿Tan poco tiempo se merecía volver a ver a su hija que el destino ya se la había arrebatado? Las lágrimas empezaron a encharcar sus mejillas.

Jerry se arrimó a la pared del pasillo y se dejó escurrir hasta el suelo. Escondió la cara entre las piernas y siguió sollozando.

Damon subía por la escalera cuando los alaridos de Jerry le sobresaltaron; eran tan fuertes y dolorosos que al escucharlos se vio caminando hacia la propia muerte.

---Jerry, ¿qué pasa?

Damon subió corriendo al piso de arriba y se agachó al lado de su hermano. Jerry levantó la cabeza. Tenia la cara enrojecida y los ojos a punto de salírsele de las órbitas.

---¡Lucy ha desaparecido!

Damon le miró con lástima y sin decir nada le abrazó.

---Dime que está en tu casa, Damon ---dijo Jerry con la boca apoyada en el hombro de su hermano.

Damon se apartó.

---¿Cómo va a estar en mi casa?

---No sé, a lo mejor se le había ocurrido ir allí. Como antes en la comida no la he dejado irse a dormir a tu casa...

Ahora el rostro de Damon se tornó de terror.

---Jerry, esta tarde solo estábamos Amy, Gillian, tú y yo.

En aquel momento, los puños de Jerry se tensaron.

---Tendríamos que haberte ingresado de verdad en el hospital del doctor Mark ---dijo Damon con voz desesperada.

Jerry sintió como la ira hinchaba cada vena de su cuerpo. ¿Acaso iban a estar así toda la vida? Primero que si Lucy nunca había desaparecido; luego que sí, que nunca había vuelto. ¿Hasta cuándo iban a cambiarle la realidad? ¿Cuál era la realidad verdadera?

---¡Basta, joder! ---dijo Jerry y lanzó un gancho hacia la barbilla de Damon.

Su hermano consiguió esquivarlo por poco. Se levantó, volvió a mirarle con pena y se marchó a su casa. Jerry se quedó sentado en el pasillo hasta que la cara empezó a ensombrecérsele.

Giró la cabeza hacia un lado. Llamó a Lucy. Esperó. Las lágrimas que ya se le habían secado volvieron a mojarle los ojos. Luego miró hacia el otro lado, pero no dijo nada. Solo suspiró y se puso de pie.

Las muletas seguían tiradas en la habitación de Lucy, sin embargo se sintió incapaz de cruzar la puerta.





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