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Un malentendido

De fondo en la tormenta sus tacones se escuchaban. Entró en la habitación. El pelo detrás de las orejas dejaba ver dos diamantes. Le dio un...

martes, 28 de junio de 2016

Réquiem por un recuerdo

Cuando Ángel abrió la carpeta y vio esas fotos se estremeció. ¿Qué hacía él con unas fotos de Mario, uno de sus alumnos, casi desnudo? Alguien se las había metido sin que se diera cuenta en la carpeta o a lo mejor era un montaje, pero ¿quién haría algo así? 

Ángel no recordaba nada del día. Sabía que había ido al trabajo porque llevaba puesto el “uniforme” de profesor: unos vaqueros y una camisa de lino verde caqui. Pero si no fuera por eso, ni siquiera sabría si había ido a trabajar.

De repente se había despertado en el sofá de casa. Ya era de noche y todo el salón estaba en sombra. Se había levantado somnoliento a encender la luz, había visto la carpeta tirada en el suelo y al abrirla había visto esas fotos. Aquellas fotos depravadas de pornografía infantil que seguían grabadas en su cabeza y que por lo que temía se le representarían a la perfección cada vez que cerrara los ojos.

Para que eso no ocurriera decidió romperlas. Las rompió en mil trozos y luego los quemó. Mientras observaba como las fotos se hacían cenizas empezó a sonarle el móvil. Salió de la cocina apresuradamente; el humo del papel quemado le siguió hasta que cerró la puerta. Fue al salón y cogió el teléfono. Era Carmen. 

Ángel tragó saliva. Las manos le temblaban y el móvil amenazaba con caerse. ¿Sabría lo de las fotos? ¿Sabría que él tenía unas fotos de su niño casi desnudo? En ese instante, el móvil dejó de sonar. Carmen siempre le llamaba a esa hora, antes de que llegara Rafa, su marido. 

A Ángel le gustaba que le dijera lo cachonda que la ponía y todo lo que le comería la próxima vez que se vieran. Así era su relación desde que se habían conocido en una reunión en el colegio. Él nunca se había sentido culpable. Nunca le  había importado tocar lo que otros habían tocado antes. Sin embargo, al ver las fotos de Mario en su carpeta se había sentido despreciable, como un ladrón que había robado la inocencia de aquel niño. Aunque ni siquiera sabía si él había sacado esas fotos. No lo recordaba. 

De nuevo el móvil empezó a sonar. Ángel contestó con la voz quebrada...


martes, 21 de junio de 2016

El secuestro de Lucy (VII)

A la mañana siguiente, Jerry recordaba el día anterior como un sueño difuso. Se levantó, cogió las muletas del suelo y fue a la habitación de Lucy. La niña dormía con la sábana enredada en los tobillos. Jerry suspiró hondo. Las lágrimas querían volver a escaparse de sus ojos. 

Sin hacer ruido se marchó a la cocina y le preparó a Lucy el desayuno. Luego subió a despertarla. Cada vez que se dirigía a la habitación de la niña sentía como aumentaba el miedo de no encontrarla, de que todo hubiera sido un sueño. Sin embargo, cuando entró en la habitación Lucy seguía allí y el miedo desapareció. La pequeña ya se había despertado y contemplaba por la ventana la mañana llena de claxon y gente de Nueva York. 

---Buenos días papá ---dijo Lucy sin girarse.

---¿Cómo está lo más bonito de esta casa? ---dijo Jerry soltando una muleta y abrazándola por la cintura. 

Lucy se rio, se dio la vuelta y abrazó a su padre. Jerry la apretó con fuerza en su pecho y la besó en la cabeza. 

---¿Vamos a desayunar? ---dijo Lucy.

Jerry y Lucy bajaron a la cocina. Lucy empezó a devorar sus tortitas con sirope de chocolate. En cambio Jerry se quedó embobado removiendo el café. 

---¿Qué te pasa papá?

---Nada cariño. Es que estoy muy contento de volverte a tener aquí conmigo.

---Pero si nunca me he separado de ti papá ---dijo Lucy y le cogió de la mano.

Jerry se la apretó con fuerza.

---No sabes lo mal que lo he pasado sin ti cariño.

Lucy quiso contestar, pero el timbre la interrumpió. Jerry cogió las muletas y se levantó a abrir. Eran Amy y Gillian. Damon estaría dando clases de robótica en la universidad.

---Hola tío Jerry ---dijo Gillian y le abrazó---. Venimos a desayunar con vosotros.

---¿Con nosotros? ---dijo Jerry.

---Claro, con Lucy y contigo ---dijo Amy.

Jerry se quedó inmóvil. ¿Cómo sabían que Lucy estaba allí? ¿Qué había vuelto?

---¿Quién os ha dicho que Lucy ha vuelto?

---¿Es que se había ido? ---dijo Amy mirando confusa a su cuñado.

Jerry resopló y se llevó las manos a la cabeza. Amy le dijo a Gillian que fuera a jugar con Lucy. Entonces ella agarró del brazo a Jerry y casi arrastrándole se lo llevó al salón.

---¿Qué te pasa? ---dijo Amy. 

---Pues que de un día para otro mi vida vuelve a ser como hace seis años.

Amy le miró desconcertada.

---¿Te ha vuelto a llamar Nikky o qué? 

---No, ha vuelto Lucy conmigo. Hace seis años la secuestraron y ayer por la noche cuando regresé a casa estaba aquí.

Amy se quedó sin habla. Jerry le narró cómo se había escapado del psiquiátrico después de cinco años ingresado; cómo había regresado a casa en el coche de su vecina y cómo había reaccionado al ver a Lucy abrir la puerta. Fue la sensación más rara que había sentido en la vida. Era como si el tiempo hubiera retrocedido y le estuviera dando otra oportunidad. La oportunidad de proteger a su hija y de impedir que nadie se la volviera a llevar. 

Jerry paró de hablar y miró a su cuñada.

---No me crees, ¿verdad?

---No entiendo nada de lo que dices, Jerry ---dijo Amy---. ¿No habrás vuelto a tomar pastillas?

---No me estoy drogando, joder. Solo te estoy diciendo la verdad.

---Pero qué verdad Jerry. Si el otro día estuvimos aquí comiendo.

---Amy hacía años que no os veía a ninguno ---dijo Jerry y golpeó el suelo con una muleta---. Desde que me ingresasteis en el psiquiátrico.

Amy resopló. Definitivamente su cuñado había perdido la cabeza. ¿Cómo iba a dejar que Lucy se quedara sola con él? Tenía que llamar a Damon y contárselo. Pedirle que viniera y que convenciera a su hermano de que dejara a Lucy pasar el día y la noche con ellos. O los días que hicieran falta hasta que Jerry estuviera mejor. 

A la hora de comer llegó Damon. Amy le había llamado en una visita al baño y le había puesto al corriente de lo que Jerry le había contado. Por eso Damon ideó una estrategia por el camino y pensó que lo mejor era proponerle a Gillian si quería que su prima durmiera con él esa noche.

---Sí, quédate Lucy ---dijo Gillian con la boca llena de pan.

---Claro, y esta tarde nos vamos al cine ---dijo Damon.

---No. Lucy se queda aquí conmigo ---dijo Jerry tajante. 

---Papá, solo es esta noche. Déjame irme por favor.

Jerry soltó el tenedor y le agarró las manos a Lucy.

---Te la vamos a cuidar muy bien, ¿eh? ---dijo Damon. 

---Me da lo mismo. He dicho que se queda conmigo y punto.

Jerry le susurró a Lucy que subiera corriendo a su habitación y cerrara la puerta. La niña lo hizo sin rechistar. Luego echó a los demás de la casa, recogió los platos aún sin terminar de la mesa, los apiló todos en la encimera de la cocina y subió a su cuarto. Tiró las muletas al suelo, se tumbó en la cama y escuchó atentamente el viento silbando en las cortinas.

De repente, un golpe en la pared le sobresaltó. Jerry se levantó, cojeó hasta donde había escuchado el sonido y pegó la oreja a la pared. De nuevo, otro golpe. Pero más fuerte que el anterior y al cabo de unos segundos una voz que decía:

---Quiero salir de aquí. Papá, ¿dónde estás?