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Premonición

Una extraña sensación le recorrió. Al principio, pensó que era el tacto de los pétalos; las flores del jardín con aquella textura de papel ...

domingo, 29 de mayo de 2016

La leyenda de los Cavallosa

Merche detuvo el coche. La noche empezaba a caer y la majestuosa casa de piedra se distinguía como una enorme sombra entre las espigas de aquel secarral. La chica bajó del coche y anduvo hacia la casa. No hacía especialmente frío, pero el tacto de las espigas al rozarle en las manos le hacía estremecerse.

Al llegar a la puerta, Merche se acarició el vientre ya un poco abultado y respiró hondo. Agarró la aldaba y llamó. Al cabo de unos segundos, una anciana en camisón abrió y la estudió detenidamente por encima de las gafas.

---¿Eres Merche? ---dijo la anciana.

Merche asintió.

La mujer se dio la vuelta y empezó a andar hacia el interior de la casa. Merche la siguió por un estrecho pasillo cuyas paredes estaban repletas de cuadros. Cuadros pequeños, sobre todo, pero también grandes; todos de muñecas de porcelana.

Al llegar al final del pasillo, la anciana entró en una sala iluminada con velas. Debía de ser el salón. Allí también había muñecas, pero estaban sentadas en una estantería y sus ojos parecían acusar a todo el que las mirara. Así se sintió Merche cuando vio sus caras reflejadas en el fuego.

La anciana se sentó en un sillón enfrente de una mesa. Acercó una vela al centro y le señaló a Merche el sillón que había al lado.

---Bueno, comencemos con la entrevista ---dijo la anciana.

Merche volvió a asentir.

La anciana empezó a hablarle de una familia: los Cavallosa. Una familia que había vivido en esa casa hacía cien años. Le dijo que tenían una tienda donde vendían muñecas de porcelana y que durante muchos años esas muñecas fueron populares por toda España.

Merche sintió en la nuca la mirada acusadora de las muñecas.

La mujer siguió narrando la historia y le dijo que de un día para otro, la gente dejó de comprar en la tienda y los Cavallosa tuvieron que poner el negocio en venta. Tras largos años de espera sin haber vendido el local, doña Matilde Cavallosa fue a la tienda, guardó todas las muñecas que pudo en unas cajas y prendió fuego al resto...